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8 dic. 2018

Exceso de recuerdo crucerístico - Un año más - Así he amanecido hoy



¡¡¡Otro año mas!!!

- Con un " Exceso de recuerdo cruceristico" que no se puede aguantar... Así he amanecido hoy -

Exceso de recuerdo Cruceristico = Dícese del síndrome que sufres una vez te bajas de un maravilloso crucero donde pasas los días a golpe de Piña Colada y mojitos, dándote a la vida contemplativa, respirando brisa marina a kilos y comiendo como si fueras Kiko Rivera embarazado.

Aysss. Suspiro... suspiros de la España crucerística!!!!. Y es que en resumidas cuentas... un crucero, le sienta bien a cualquiera.

Subir a un crucero es como entrar en la carroza de Cenicienta donde normalmente la magia dura siete días y eres la más bella del baile. De ahí que sea tan duro volver a tu calabaza.

Cuando subes al barco, sientes esa felicidad indescriptible... Miles de mariposas revolotean por tu estómago... y es cuando dices: ya estoy como pez en el agua. Ese momento no te lo amarga nada ni nadie... porque es tu momento de felicidad...

Entras en tu camarote y te regocijas la vista con lo que va a ser tu “home sweet home” durante unos días, le haces tres fotos y acto seguido vacías la maleta y te instalas como si te fuera la vida en ello y te dedicas a disfrutar.

Aunque repitas barco, siempre te sientes como niño con chupete nuevo. Eso de que cada vez que levantes la mano con tu tarjetita te caiga un cóctel debería estar premiado. Y es el único momento de tu vida en que comes como está recomendado: Cada dos horas. Aquello es una digestión continua mientras te mecen las olas. No obstante como crucerista hay algunas cosas que en este último crucero he vuelto a vivir y no terminan de convencerme.


1) El famoso simulacro:

Tienes que hacerlo obligatoriamente antes de que zarpe el barco. Ves a 3152 personas andar de un lado para otro con un chaleco armatoste y cara de “puede acabar ya este rollo que tengo pillada hamaca en la piscina”. Todos aguantamos el tirón de la mejor forma posible, y con cara de “me importa un carajo lo que me estas contando porque es el quinto crucero que hago y me lo sé de memoria” y estás deseando que termine para ir a tomar el primer traguito piscinero.

2) La cena con el capitán:

Antes de nada, ¿por qué no hay ningún capitán guapo? Ahora que ya he hecho unos cuantos cruceros puedo dar fe de que todos son modelo “osito”, a ver, desde el cariño, digámosle: achuchables pero lejos de ser como en las pelis, que siempre ponen Capis Top Model. y es cuando yo me pregunto... ¿Para qué quiero tener una foto en el comedor de casa con un tipo al que no conozco de nada y con el que ni siguiera he hablado o intercambiado una palabra?. Bueno, pues siempre pico y la foto con el Capi cae... Eso sí, si alguien ve la foto, tú contestas tan digna: “Es de la cena con el capitán” y por lo visto eso lo arregla todo, jejejee

3) El cóctel presentación del personal:

El Capitán, el segundo de abordo, el tercero de abordo… ¡Ostras!... y es cuando haces la pregunta del millón... ¿Entonces quién está en cabina ahora mismo con los mandos?, ¿Estamos navegando con el piloto automático?, ¿Conduce el grumete?. Entro en pánico y me viene toda la secuencia de imágenes de Titanic a la cabeza. ¡Venga! Menos cóctel y todo el mundo a sus puestos.

4) El momento disfraz:

Con lo fácil que es ser uno mismo allá donde se vaya. Pues no, por la noche nos convertimos en pasajeros mutantes y sufrimos una tremenda metamorfosis. Las damas nos engalanamos con unos vestidos que ni en la última boda que asistimos iban tan recargados, taconazo claramente comprado para la ocasión que a veces hacen temer por nuestra integridad física... y con una sonrisa Profident vamos recogiendo el chal que se nos cae a cada rato del hombro. Los caballeros, siempre con traje, aunque algunos se ve que no están acostumbrados a llevar, jeje Eso sí, todos hacemos un STOP en cada photocall, para hacernos la foto ñoña del momento, que luego nos llevaremos impresa para presumir ante familiares y amigos.

5) Las escalas y las Excursiones:

Yo, que siempre he sido una viajera muy aventurera y por mi trabajo acostumbrada a moverme por cualquier lugar del planeta sin problema, con los años he cambiado el CHIP y ahora prefiero que me lo den todo organizado. Trabajando donde trabajo, es obvio que contrato las excursiones conmigo misma, jejeje, sería ridículo plantearlo de otra forma. Desde la llegada del barco a puerto, desayuno, ducha, despertador, con tal de ser la primera en bajar a tierra para localizar el BUS de Excursiones para Cruceros, tomar buen asiento y exprimir la escala hasta su último momento. A veces esto supone todo un riesgo y aventura. No importa cuán rápida seas, siempre hay una manada de japoneses y en este caso brasileños, que te tomaron la delantera. ¿Cómo lo hacen? ¿Se disfrazan de tripulación?.

No obstante y fuera de estos cuatro sinsentidos expresados con un poquito de humor, he de reconocer que un CRUCERO es una experiencia maravillosa. Seguiré embarcándome todas las veces que me sea posible y disfrutar de cada momento. El tiempo cuando lo estas pasando bien, va a velocidades de órdago. Recuerdo el primer paseo por cubierta y de pronto ya estar haciendo la maleta de nuevo. Durísimo.

No sé si a vosotros os pasa, pero yo cuando vuelvo a casa aún noto que se mueve el suelo y me asomo al balcón con la esperanza de ver ese mar inmenso y azul con el que me dormía cada noche, pero solo veo asfalto y el atasco infinito por la mañana. No hay piñas coladas, pero a cambio vuelven los cafés y los madrugones. La cama está sin hacer, tal y como la dejé por la mañana, no vino nadie detrás de mí a arreglar la habitación ni me pusieron la cena con una sonrisa y profesionalidad característica del personal del crucero, que no sé como lo hacen pero a bordo te hacen la vida simpática y muy fácil.

Rápidamente tengo que ponerme las pilas, porque he de deshacer maletas, revisar correo, poner lavadoras, en fin, he de volver a la rutina y soñar con el próximo.

¡¡¡Quiero volver a subir a la carroza. Un año más hasta el nuevo baile. Welcome back Cenicienta!!!





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